Mario Gutiérrez, de los carriles huastecos a la cima del hipismo mundial

Del carril al Derby de Kentucky

Por: Miguel Juárez

– De El Higo a Churchill Downs –

* Su padre, su inspiración

* Su paso por el Hipódromo de las Américas le dio alas para triunfar en Canadá

* Con I’ll Have Another acarició la Triple Corona Norteamericana

* Dos veces ganador del Derby de Kentucky y un Preakness

Cuando Mario Gutiérrez Hernández instaló a su familia en el Rancho San Gabriel de El Higo, Veracruz, y comenzó a entrenar y a montar los caballos Cuarto de Milla propiedad de Juan Antonio Lara, nadie imaginó que así comenzaba a gestarse una historia de éxito, que al paso de los años tendría a uno de sus hijos en el centro de la atención mundial.

En ese rancho cercano a la población El Higo, municipio ubicado en el norte de Veracruz, los hijos de don Mario crecieron y a la vez aprendieron de su padre el manejo, cuidado, entrenamiento y monta de los caballos Cuarto de Milla. En el mismo rancho estaba el Carril San Gabriel, famoso en toda la región de La Huasteca, por lo que los muchachos tenían todo a la mano para darse vuelo montando a los ligeros.

Uno de sus hijos era Mario Alberto Gutiérrez Cruz, que desde chiquillo mostró ganas, aptitudes y mucha seguridad para conducir los caballos Cuarto de Milla, que entrenaba y montaba su padre en los carriles de la región.

“A mi papá le enseñaron a montar con sillín y viendo como lo hacía, yo quería ser como él, pero fue hasta los 14 años cuando me dio luz verde para comenzar en carreras parejeras”, nos platica Mario en entrevista telefónica desde su casa en Pasadena, California.

Como muchos muchachos que inician en los carriles cargados de  ilusiones, Mario debutó ganando en el año 2001 en el Carril Santa Mónica de San Vicente Tancuayalab, esto en San Luis Potosí,  y durante cuatro años anduvo por toda la Región de las Huastecas. Alfonso López, fotógrafo de carreras en esa zona, lo recuerda mucho montando a El Bebé, de Juan Antonio  Lara, que se hizo famoso en las manos de Mario Alberto.

Por televisión conoció las carreras de caballos Pura Sangre

“Cuando comencé a ganar mi dinerito en las carreras, contratamos televisión por cable y por el canal de deportes ESPN te platicaban del Hipódromo de las Américas; así conocí como eran las carreras de caballos Pura Sangre, me interesaron y dije que algún día estaría ahí.

“Yo la verdad en los carriles me sentía mucho y se me vino la idea de que podía dar el siguiente paso e irme al hipódromo de la ciudad de México. Cuando terminé la preparatoria, le pedí permiso a mi papá, le dije que quería saber qué tan bueno era frente a los jinetes que montaban ahí, que sólo era por curiosidad y por aprender a montar caballos Pura Sangre”.

Sin conocer a nadie y tocando puertas, Mario llegó a las caballerizas a fines de 2004 con 18 años de edad, y el primero que le tendió la mano fue Rubén Lecanda, de la Cuadra Gazú. “Fue el primero que me dio trabajo en su cuadra, ahí me quedaba y le galopaba a sus caballos;  él me arregló la licencia de aprendiz”.

En el lugar donde arrancó la historia; padre e hijo en el Carril de Rancho San Gabriel, en El Higo, Veracruz

Sus recuerdos continúan fluyendo en la plática y entre las personas que han marcado su vida menciona a don Moisés Julián. “Él me enseñó bastante y con él debuté con un ejemplar de Cuadra Valedor. Como don Moisés tenía pocos corredores, él mismo me recomendó con Arturo Ruiz García (qepd), que esos tiempos entrenaba la Cuadra T.

“Con don Arturo me acoplé más, aprendí más, y cuando estaba ahí, conocí a Mario Díaz de Salas Buerba, con el que gané mi primera carrera en el 2005 con Bansai, de la Cuadra Tayson”. Mario también recuerda de manera especial a Rafael O’Dogherty, su agente. “Tuve la suerte de trabajar con Rafa, me daba mucho ánimo, siempre me decía que aspirara a más”.

Personas claves en su destino

Mario Gutiérrez sólo estuvo en el Hipódromo de las Américas hasta la mitad del año 2006, pues el destino le tenía preparado algo mejor. Sin proponérselo, la suerte lo puso en el lugar preciso, en el momento preciso.

“Un día, Rafa me llamó para conocer a un entrenador canadiense de nombre Terry Jordan, quien había ido al Hipódromo de las Américas en busca de un aprendiz y un jinete profesional, me recomendó con él y así llegué a Canadá, por lo que siempre estaré agradecido con Rafa, pues gracias a él di el salto sin pensarlo dos veces”.

El Bebé, un corredor que montaron padre e hijo, famoso en la huasteca y propiedad de Juan Antonio Lara, quien sostiene al caballo

Se fue solo a Canadá y en el aeropuerto fue recogido por Rebecca, una joven que años después sería su esposa. Ella lo llevó a Hantings Race Course, un hipódromo chiquito de 5 furlongs ubicado en Vancouver, donde llegó para montar como aprendiz bajo contrato; más suerte no podía pedir el látigo de El Higo, Veracruz.

Mario cayó en blandito, pues comenzó a montar para Glen Todd, propietario de una cuadra con buenos caballos entrenados por Troy Taylor. “Sinceramente, Glen es mi padre canadiense, viví en su casa cuando estuve allá y me dio muchos buenos consejos sobre la vida. A Glen y Troy los considero como mi familia y siempre estaré agradecido por su apoyo”, dice Gutiérrez.

 

Santa Anita, el inició de su despegue

En sus últimas montas y triunfos en el Hipódromo de las Américas. Aquí con Potentada, de la Cuadra Rosalba y entrenada por don Pancho Loza

Con el fogueo que traía del Hipódromo de las Américas, Mario comenzó a montar con mucha seguridad, sin miedo, sin nervios y desde el principio mostró buenas hechuras en Hastings, siendo campeón en 2007 y 2008, segundo en 2009 y cuarto en 2010.

Cuando estaba en pleno apogeo en Hastings, Mario comenzó a pensar en el Hipódromo Santa Anita, que ahora considera como su pista favorita entre las muchas en las que ha montado.

Durante el invierno, el equipo de Glen Todd corría en San Francisco y sus alrededores y por eso pensaba que algún día podría llegar a montar en Santa Anita, “donde había caballos realmente a lo grande, pero también los mejores jinetes”.

 

Los caballos entrenados por Troy Taylor llegaron a establecerse en Santa Anita y esto precipitó la mudanza definitiva de Gutiérrez a California en 2011. Todd le sugirió que buscara un agente y quedó en manos del veterano de 85 años Ivan Puhich, quien le conseguió montas con otros entrenadores.

Su hermano Juan Carlos Gutiérrez también montó en Hastings. Ahora es agente de jinetes en el Hipódromo de las Américas

Con esa suerte que siempre lo ha acompañado, Paul Reddam, un caballista canadiense que había oído de las habilidades de Mario, lo invitó a montar a I’ll Have Another con fines de entrenamiento. El muchacho maravilla de Hastings lo trabajó, pero pensó que sería imposible que se lo dieran para montarlo en una carrera, pues por el lomo del caballo ya habían pasado grandes jinetes como Joel Rosario y Julien Leparoux en su vida de dosañero.

Y sin embargo, sucedió: Reddam y el entrenador del caballo Doug O’Neil vieron esa química entre caballo y jinete, por lo que no dudaron en darle la monta para el Robert B. Lewis Stakes de $200 mil dólares, efectuado el 4 de febrero de 2012 en Santa Anita y que ganaron a pesar de figurar con el peor momio entre los 7 tresañeros competidores: 43 a 1.

Esa monta fue clave para el futuro del binomio. Dos meses después, el 7 de abril, conquistaron el Derby de Santa Anita de $750 mil dólares, doblegando por nariz en escalofriante final al favorito Creative Cause, montado por Joel Rosario.

En las puertas del cielo

El Derby de Santa Anita le abrió a Mario Gutiérrez y a I’ll Have Another las puertas del cielo, pues de pronto se vieron con sus boletos de avión para la carrera grande, la de mayor prestigio del  mundo, donde todos quisieran estar: el Derby de Kentucky, primera parte de la Triple Corona Norteamericana y que año con año reúne a la crema y nata del Pura Sangre: los mejores jinetes, los mejores caballos, los mejores entrenadores.

Con 25 años de edad, Mario llegó al 138 Derby de Kentucky como un novato para los otros, pero él pensaba diferente; tenía mucha seguridad y mucha confianza en su caballo, y eso era lo importante. “Nunca me incomodó que la gente me dijera novato, o que era mi primer Derby de Kentucky, o que venía de un hipódromo chiquito (refiriéndose a Hastings), yo estaba muy seguro en esa carrera; no éramos favoritos, no había mucha atención hacia nosotros, nunca me sentí menos”, comenta Mario a casi ocho años de esa gran actuación.

Sus probabilidades de triunfo con I’ll Have Another se fueron hasta 15 a 1, opacados por favoritos como Bodemeister, Hansen y Union Rags, y jinetazos de la talla de Mike Smith, Kent Desormeaux, John Velazquez, Joel Rosario, Julien Leparoux, Ramón Domínguez, Garret Gomez, Rafael Bejarano, Rajiv Maragh, Corey Nakatani, Javier Castellano, Calvin Borel, y sus paisanos Martín García y Luis Contreras.

Frente a miles de espectadores presentes en Churchill Downs y millones de aficionados de todo el mundo siguiendo las acciones por la televisión, Mario Gutiérrez y I’ll Have Another tuvieron una actuación perfecta y en los últimos metros llegaron de atrás para arrebatarle el triunfo por cuerpo y medio de ventaja al favorito Bodemeister, montado por Mike Smith, pareja que venía  de ganar por casi 10 cuerpos el Arkansas Derby.

Se acabó el sueño

Con esa victoria, Mario y I’ll Have Another se colocaron en lo más alto de la hípica mundial; sin embargo, cuando llegó la fecha del Preakness Stakes, la segunda gema de la Triple Corona, los apostadores no confiaron en ellos y volvieron a elegir como favoritos al binomio Bodemeister – Mike Smith. Con un 3 a 1 en el tablero, la historia se repitió: Bodemeister intentó la escapada de punta a punta y I’ll Have Another cerró para arrancarle el triunfo por cuello.

Ese caballo y ese jinete que de pronto habían ascendido a las grandes ligas, estaban a una victoria de conquistar la Triple Corona. Sólo les restaba el durísimo Belmont Stakes; ya habían transcurrido 34 años desde que Affirmed había sido el último triplecoronado y flotaba el optimismo de que el binomio lo lograría, pero…

Un día antes del Belmont Stakes y cuando todos los reflectores estaban enfocados en el óvalo neoyorkino, el entrenador Doug O’Neil se vio obligado a retirar a I’ll Another debido a una lesión en un tendón. El sueño había terminado, por lo que el Preakness fue la última carrera del caballo y fue retirado para servir como semental.

Cuatro años después, otra oportunidad

Con el trofeo del Derby de Kentucky 2012. A su lado el dueño de I’ll Have Another, Paul Reddam

Mario Gutiérrez continuó montando y en 2015 la misma mancuerna de Paul Reddam y Doug O’Neil pusieron en las manos del jinete mexicano a Nyquist, con el que desarrolló brillante campaña como dosañero hilvanando 7 victorias, por lo que el binomio se presentó invicto al Derby de Kentucky de 2016 y como amplio favorito.

Mario ganó por segunda ocasión el Derby, esta vez por casi dos cuerpos de ventaja y fiel a un estilo que le ha resultado efectivo: Mantenerse cerca de los punteros despegadito del riel para tener más opciones de paso y atacar en la recta final.

Cuando parecía que el potro hijo de Uncle Mo se anotaría también el Preakness, Exaggerator y Cherry Wine cerraron con todo y lo relegaron a la tercera plaza, esfumándose otra vez el sueño de llegar a la Triple Corona.

 

“Extraño a mi país, a mi familia, a toda la gente que me conoció desde chiquillo, un saludo a todos por medio de esta entrevista y en especial a toda la gente del Hipódromo de las Américas que me ayudó”

A la espera de montar en el Hipódromo de las Américas

Mario Gutiérrez continúa montando y de acuerdo a opiniones de expertos como Doug O’Neil, está acostumbrado a soportar las presiones de los eventos grandes, monta sin nerviosismo, se identifica mucho con los caballos, los entiende, sabe lo que les gusta y los respeta sin esforzarlos de más.

Gutiérrez siempre ha dicho que a un caballo no se le debe castigar. “No porque le pegues más va a ganar, hay caballos que no lo necesitan y depende mucho del jinete conocerlo. A muchos sólo les das un toquecito, despiertan y empiezan a correr, pero un caballo cansado, que ya dio todo, no va a correr más por más que le pegues”, comenta.

Desde Nyquist, no le ha salido otro caballo capaz de llegar a las carreras de la Triple Corona, pero confía en que cualquier momento pueda suceder. Hay futuro por delante a sus 34 años de edad.

Por lo pronto, Mario no ha olvidado a su familia ni a su tierra de El Higo, Veracruz, que lo vio nacer y crecer, ni tampoco al Hipódromo de las Américas, donde espera montar pronto aprovechando que su hermano, ex jinete, Juan Carlos Gutiérrez, ahora trabaja como agente de jinetes.

Extraño a mi país, a mi familia, a toda la gente que me conoció desde chiquillo, un saludo a todos por medio de esta entrevista y en especial a toda la gente del Hipódromo de las Américas que me ayudó”, concluye Mario, quien seguramente también extraña el sabroso Zacahuil, manjar de reyes y orgullo de la gastronomía huasteca, que no lo cambia por las hamburguesas ni los hot dogs.

 

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